martes, 17 de septiembre de 2013

Crónica
Mi barrio no tenía mucho que contar si no fuera por aquel lugar que se encontraba enfrente de mi casa, la comisaria número setenta y dos  , salía a la puerta de mi casa a pelotear como todas las tarde de costumbre,  los arcos de ladrillo y la pista vacía , anunciaban el juego .
A lo lejos podías  ver un carro policial el cual  estaba estaciona hace muchos años, las llantas hechas un desastre, empolvado la cual aprovechábamos para poner nuestros nombres , mi amigo el chorri ;apodado así por el gran parecido al jugador , siempre me comentaba que algún día subiría al carro .
La pelota cruzaba toda la cuadra pero aquel personaje nos miraba con cierta cautela no decía una palabra si es que no era solo para saludar a sus superiores, le teníamos un poco de miedo lo apodábamos la estatua y rogábamos para que la pelota jamás llegue a su lugar, él tenía el prototipo del policía peruano un  gran bigote y una pronunciada barriga las cual nos  trasmitía su seriedad.
Se hizo común salir a jugar, una de esas tardes unos de mis compañeros de la cuadra con el cual salíamos también a pelotear pateo la pelota y fue a parar muy cerca de él, todos nos sorprendimos  porque nadie se quería a acercar, asustados y echándonos la culpa nos retirábamos a las casas , de pronto se escuchó ¡hey ustedes ! quedamos pasmados como si las piernas tuvieran dos bloques de cemento volteamos las caras , y quedamos sorprendidos  ;él se nos acercaba, muchas cosas pasaban por nuestras cabezas , sostenía la pelota en un brazo , ¡muchachos aquí tienen vuelvan a jugar !.
Volvimos a nuestra cancha de concreto, un poco tímidos y confundidos  de pronto el saco el silbato que quizás utilizo algún día para conducir el tránsito, les enseñare a jugar como debería de ser nos explicó, lo mirábamos fijamente como que todo lo que hablamos de él y el miedo nuca hubieran existido.
Jugamos intensamente; los goles iban y venían  el fijaba la mirada en las pelota el sonido del silbato nos daba la sensación que podríamos estar en la final de un mundial, era muy chistoso ver a un uniformado, dirigiendo un partido de niños. Después de terminar el encuentro nos sentamos y nos contó que hace mucho él tenía una academia antes de ser policía pero que por cosas de la vida jamás se pudo seguir .
Al día siguiente entusiasmado por volver a compartir ese momento , miramos en aquel lugar donde solía estar y ya no estaba era otra persona un muchacho, le preguntamos que fue con él y nos dijo que habían cambiado de puesto y que jamás regresaría esa es mi historia algún día ojala podremos volver a verlo y agradecer lo que nos enseño 

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