Crónica
Mi barrio no tenía mucho que contar si no fuera por aquel
lugar que se encontraba enfrente de mi casa, la comisaria número setenta y dos , salía a la puerta de mi casa a pelotear como
todas las tarde de costumbre, los arcos
de ladrillo y la pista vacía , anunciaban el juego .
A lo lejos podías ver
un carro policial el cual estaba
estaciona hace muchos años, las llantas hechas un desastre, empolvado la cual
aprovechábamos para poner nuestros nombres , mi amigo el chorri ;apodado así
por el gran parecido al jugador , siempre me comentaba que algún día subiría al
carro .
La pelota cruzaba toda la cuadra pero aquel personaje nos
miraba con cierta cautela no decía una palabra si es que no era solo para
saludar a sus superiores, le teníamos un poco de miedo lo apodábamos la estatua
y rogábamos para que la pelota jamás llegue a su lugar, él tenía el prototipo
del policía peruano un gran bigote y una
pronunciada barriga las cual nos trasmitía su seriedad.
Se hizo común salir a jugar, una de esas tardes unos de mis
compañeros de la cuadra con el cual salíamos también a pelotear pateo la pelota
y fue a parar muy cerca de él, todos nos sorprendimos porque nadie se quería a acercar, asustados y
echándonos la culpa nos retirábamos a las casas , de pronto se escuchó ¡hey
ustedes ! quedamos pasmados como si las piernas tuvieran dos bloques de cemento
volteamos las caras , y quedamos sorprendidos ;él se nos acercaba, muchas cosas pasaban por
nuestras cabezas , sostenía la pelota en un brazo , ¡muchachos aquí tienen vuelvan
a jugar !.
Volvimos a nuestra cancha de concreto, un poco tímidos y
confundidos de pronto el saco el silbato
que quizás utilizo algún día para conducir el tránsito, les enseñare a jugar
como debería de ser nos explicó, lo mirábamos fijamente como que todo lo que
hablamos de él y el miedo nuca hubieran existido.
Jugamos intensamente; los goles iban y venían el fijaba la mirada en las pelota el sonido
del silbato nos daba la sensación que podríamos estar en la final de un mundial,
era muy chistoso ver a un uniformado, dirigiendo un partido de niños. Después de
terminar el encuentro nos sentamos y nos contó que hace mucho él tenía una
academia antes de ser policía pero que por cosas de la vida jamás se pudo
seguir .
Al día siguiente entusiasmado por volver a compartir ese
momento , miramos en aquel lugar donde solía estar y ya no estaba era otra
persona un muchacho, le preguntamos que fue con él y nos dijo que habían
cambiado de puesto y que jamás regresaría esa es mi historia algún día ojala
podremos volver a verlo y agradecer lo que nos enseño